miércoles, 2 de mayo de 2007

el pequeño pedal de la poesía

Ha aparecido el nuevo poemario de Juan José Macías, que mereció el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta en 2005. El título del libro despierta por sí mismo expectación: uno no puede sino preguntarse qué tipo de poemas pueden dar ocasión a tal nombre, qué tipo de endiablado plan se lleva a cabo en la Expansión de las cosas infinitas. Leyéndolo tuve la opaca certidumbre de que el plan era menos de orden cuantitativo que cualitativo, no es así del todo. Las expansiones son seriales más que lineales-acumulativas: basta con ver el índice: 4 series de diez poemas, sus títulos son numéricos, pero se expanden desde el 1 hasta el 0: un crecimiento cercano a la desaparición, una plenitud cercana al vacío. Se trata de series retornantes, de insistencias en, de, la poesía. Las series que van del 1 al 0 producen un bucle elegante y barroco: el último cero contiene la pequeña serie que a su vez, contiene la totalidad del libro: el aleph que es siempre la prueba del nueve del infinito. Nos movemos hacia la desaparición, pero en su preludio la vida regurgita todo. «Nos movemos hacia/ lo que se retira de nosotros señalando/ lo que se retira de nosotros.»
El infinito es lo que no termina de enumerarse, lo que carece de cifra, lo indescifrable. La Expansión de las cosas infinitas parte de la revelación de una exuberante incompletud, de su discreto y grácil éxtasis. que tiene a mi parecer dos referentes visibles. El primero es la lectura o mejor, el diálogo que Juan José Macías ha entablado con la aforística de Sergio Espinosa, de quien toma el epígrafe para su Expansión: «No hay más, pero sí hay menos […] hay un menos de mundo, una falta de mundo que no es una falta a llenar, que no es una necesidad a satisfacer.».  Sin embargo, la poesía de Macías no es la transposición de una filosofía (siempre ella misma, no en falta; más bien sobrada) sino un motivo para internarse en el decir: «Pero contra lo dicho/ siempre hay un más de mundo/ un mundo excesivo que aterra/ un más de cosas imposible de restar// un exceso de mundo». En este vertiginoso exceso acontece el libro.
He dicho que la Expansión me parece más cuantitativa que cualitativa. Macías escribe su nuevo poemario a partir de un volumen, de una modulación específica, diversa de sus libros anteriores. Y entonces damos con el segundo detonador del libro: la no menos difícil experiencia de lo neutro, en el sentido específico que la trata François Jullien en su deslumbrante Elogio de lo insípido. Se trata de la poesía desnudada de efectismos, la poesía como medio para aproximar las palabras hacia su desaparición, su delicuescencia en el sonido mismo del mundo, no la desaparición, sino el intervalo preciso entre el sentido y su ausencia, entre la sensibilidad y la indiferencia de ese no-todo de fondo, sin cifra, que llamamos mundo.
Para comprender el valor de lo insípido, Jullien recuerda la imagen que emplea Jankelevich en la descripción de la música de Gabriel Fauré: el pedal pequeño del piano, propio del «el lenguaje evasivo», «lunar», que ayuda a «buscar la media luz, pintar a media tinta, decir a medias palabras y a media voz». Uno de los poemas más representativos de la Expansión recrea la revelación del amortiguado sonido en que aflora la experiencia radical de la poesía. «Hace un momento una mujer se hallaba frente a mí:/ su mirada evasiva/ me unió al secreto de las cosas// que se haya marchado poco importa/ la provocación no insiste nunca// me doy cuenta: en el piano/ el pequeño pedal amortigua y tamiza.»
Hay en este libro elementos que recuerdan ese «hacer de la vagancia el propio claustro» que domina en Deo Volente, libro parteaguas en la trayectoria de Juan José Macías, de continuación bucólica en La venida de Hölderlin. Ya poco se reconoce de aquella Ánima ascua en que vibraba el ímpetu de un poeta adrede de muy variados apetitos; hay una nueva revelación que aguardaba al autor: «No aspiro más que a la decepción— /escribo para lo único ilegible: la pureza». Por ello es que la poética de Juan José Macías se mueve. En Deo volente podemos constatar la revelación de un arte de lo posible, de hacer posible lo imposible, en la Expansión observamos el cuidado, el bordear el silencio, el rozar apenas la potencia para no estropearla. Un cuidador del silencio se adivina en la voz que produce este protectorado del silencio: «no entres cualquier atisbo nuestro/ cualquier irrupción por nuestra parte inhibe/la existencia en ellos de las cosas posibles».

Expansión de las cosas infinitas, de Juan José Macías. Guanajuato: Ediciones La rana, 2006, 59 pp.