martes, 7 de abril de 2009

Manuel Felguérez y/o el desbordamiento del Nilo

a. Para medir las tierras anegadas periódicamente por el Nilo, los egipcios inventaron la geometría. Cada año el río se desborda todavía, al mismo tiempo destruyendo y fecundando; pero antes de la invención de la geometría, cuando las aguas del dios-río volvían a su cause, ya nadie sabía quién era el propietario de las tierras; dónde estaban los límites entre una y otra parcela. La geometría contenía así, de alguna manera, el desbordamiento del dios. La geometría es, nos dicen, la idealización del espacio: su transformación en formas puras, claras y distintas.

 

b. Pero el hombre ha buscado en lo ideal no sólo la resolución de un problema en el orden de las propiedades—este círculo es tuyo, éste triángulo es mío. La transmutación de las cosas de la tierra en medidas, en formas ideales, revelaba y ocultaba algo: una supuesta sustancia ideal—es decir, espiritual— del mundo, un orden que prevalece sobre lo orgánico― y sus dioses fluviales.  

 

c. La formulación ideal del espacio responde también, en su origen, a una pulsión estética, a una urgencia creadora que habita la carne y el espíritu humano. El apremio que encuentra su satisfacción en lo anorgánico, en la belleza de las formas y sus relaciones, sus potencias e influjos, sus temperaturas, sus campos de intensidad.

 

d. Por ello el abstraccionismo no es propiamente un momento histórico del arte, sino una de sus dos raíces espontáneas —impulsivas, patológicas, vitales. Del mismo modo, el arte de la abstracción no es absolutamente autorreferido, no tiene sólo que ver con unas relaciones puras, magistralmente erigidas.  El artista busca en la geometría responder a un apremio que escapa a su subjetividad y actúa sobre ella, subvirtiéndola.

 

e. La relación de Fuelguérez con la Geometría es al mismo tiempo moderna y arcana: el maestro se sirve de dispositivos modernos, como la computadora, para producir la pintura —no propiamente para producir cuadros, sino para producir la producción de pintura. En su serie “La máquina estética”, ensaya un ejercicio pionero en que el artista explora la interacción de la computadora con el arte, serie fuelgueriana que aún reclama acoso reflexivo y creativo.

 

f. La relación de Felguérez con la computadora no es precisamente con el ordenador como un utensilio más al servicio del artista; se trata más bien de una interacción que genera un mixto inédito: La relación del hombre con la máquina geométrica arroja un tercero, una variación creadora, que no se identifica enteramente con el dispositivo electrónico ni con el humano. Del mismo modo pasa con la geometría sin chips, se convierte ella, bajo el influjo del arte, en un elemento anegado por el deseo, el invencible flujo creador que anega ahora las parcelas de las formas ideales, abstractas.

 

g. En Fuelguérez se produce un devenir maquínico (para expresarlo en términos deleuzianos), una cópula productiva en la que se revela y sobrepasa la “máquina abstracta” de la geometría. La operación intentada por Felguérez emancipa a la máquina tecnológica y a la geometría de las determinaciones instrumentales, por otro lado, libera al artista de la ars combinatoria como fin en sí mismo, de la pintura entendida como mero juego de variaciones formales — piedra con la que suele tropezar el abstraccionismo histórico. 

 

h. En su implicación con la geometría, el maestro Fuelguérez expresa su relación completa con la creación, es decir, su poética: el arte como terreno en que la medida encuentra su verdad en el juego —porque sólo en el juego refluye la verdad. No en el arte de combinar medidas para encontrar la exactitud, sino en la perfección inventada, fruto de una reflexión al mismo tiempo rigurosa y arrojada: rigurosa porque va siempre sobre la justa medida, arrojada porque siempre apuesta, arriesga, sabiendo que lo justo es en el  arte producto de un ejercicio de soberanía creativa —soberanía que jamás debemos confundir con el mero capricho. Dialéctica de lo mesurable y lo inconmensurable. 

 

i. La geometría fue inventada por los egipcios para medir las tierras periódicamente anegadas por el dios Nilo una vez que las aguas volvían a su cause. Así erigían un dique hecho de formas ideales, un dique para contener a un dios. Pero la geometría fuelgueriana no está hecha para contener al río, sino participa de la naturaleza del río, dios fluvial, que anega las formas de su flujo, para llevarlas siempre a otro lugar, donde ya no son propiedad de nadie. Río que fluye y refluye, que se desborda y anega también las formas abstractas con magnitudes no mensurables, en su juego sin fin.

                                                                      

 

                                                                       — Javier Acosta 

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