Susana Salinas
Reminiscencias de Susana Salinas
(Texto de Sala)
—1—
Reminiscencia. Nombre femenino. 1.- Recuerdo impreciso de un hecho. 2.- Lo que sobrevive de una cosa y sirve para recordarla.
—2—
El verbo del recuerdo es «re-cordar». Literalmente: volver a pasar por el corazón. El corazón es así «el órgano amoroso de las repeticiones», escribió Deleuze. Savoir par coeur —saber de(l) corazón— significa saberse alguna cosa de memoria. La memoria es Mnemosine, la madre las Musas. Madre de la invención y del recuerdo.
—2.1—
“La memoria es un bailarín disfrazado de alquimista” —: Valéry.
—3—
Mnemosine presenta, vuelve a presentar ante ti esas escenas: las últimas; es decir, las primeras; es decir, las eternas. El milagro de la memoria es volver sincrónico lo que antes era diacrónico. Susana Salinas presenta ante tus ojos aquellas escenas que abandonan por un momento el régimen de lo invisible. Imágenes desolvidadas que exhiben ante ti el enigma del ser.
—3.1—
El enigma tiene la forma de un ovillo, de un hilo que se enreda en sí mismo. Un laberinto, un nido, una madeja: en su centro un enigma.
—4—
Reminiscencia: Nombre femenino. Lo que en tu corazón aún te sobrevive. Lo que en tu corazón te guiña el ojo.
—5—
Para los más antiguos amantes del enigma, reminiscencia es desolvido. Míralo aquí, en esta colección de enigmas. Míralo, míralo: el enigma te mira.
—6—
«La memoria es un bailarín disfrazado de archivista». Mnemosine no archiva; poetiza, que es lo mismo que soñar, que es lo mismo que bailar. De ahí que cuando la memoria baila, sueña y poetiza. De ahí que Mnemosine —para llevar el paso, para pasar de nuevo por el corazón— es a la vez milagrosa e imprecisa.
—7—
Para el filósofo y para el poeta la reminiscencia es la imprecisión más acertada y verdadera. Para Platón implicaba la mirada de las imágenes imperecederas —los arquetipos. Para Borges era la manera en que reconocemos la belleza, esa que siempre, incluso al verla por primera vez, parece recordada.
—7.1—
Apolo es el dios de la flecha y la mirada; de la crueldad y la belleza. “Ha sido Apolo, amigos, el que con su dardo me ha herido.” La claridad deslumbra; el ojo herido por la flecha mira: mira.
—8—
Déjà vu de los sueños, de la pintura, del corazón, es la reminiscencia.
—9—
Si tu existencia tiene la forma de un laberinto, tu memoria también se llama Ariadna —la muchacha del hilo— que te permite adentrarte en los pasillos intrincados del recuerdo. Ya no para salir, sino para encontrar el impreciso y amoroso centro. Para llegar ahí donde la palabra no puede. Ut pictora poiesis: como la pintura es la poesía y al revés, ambas callan y muestran imágenes de lo invisible que late en lo visible. Ambas llegan ahí donde la palabra no puede: las guía un bailarín disfrazado de archivista.
—10—
Como en twitter, como en la telaraña, como en la madeja, como en la maraña, como en los fideos, como en los pensamientos, siempre hay un hilo en esta escena. Hilo de la memoria que se enreda en sí mismo. En las reminiscencias de Susana Salinas el nudo ciego se convierte en lazo clarividente, pues obedece el orden alquímico de las transmutaciones: madeja, maraña, ramaje, rizoma; el ojo, el ajo, la vasija; la cara, la casa, la caricata, la cabeza.
—11—
No es una imprecisión cualquiera. Un archivo que danza. La imprecisión clarividente y misteriosa que reúne y transmuta, que sobrepone planos, que invierte dimensiones, que nos hace pasar del papel de observadores al de observados. Las reminiscencias de Susana Salinas nos ponen ante el ojo de la pintura; por eso el «cuadro», que habitualmente tiene forma de ventana, aquí se puede transmutar en círculo; es decir, en pupila.
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Mírala, mírala, la muchacha te mira.
—Javier Acosta

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